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Olivos, dehesa y agua

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Las tierras del noroeste de Ahigal conforman un gran mosaico de entornos naturales donde los viejos olivos tapizan las infinitas lomas que se extienden hasta las proximidades de las aguas del embalse de Las Cumbres, donde el paisaje se torna en bosque mediterráneo. Junto a él, al otro lado del antiguo camino a Cerezo, se encuentra una gran masa verde que se corresponde con la dehesa de Valverde, poblada de encinas y alcornoques.

Existen dos olivares en Ahigal. En el perímetro se distribuye el olivar primitivo o tradicional, rodeando al antiguo caserío en lugares como Pozo Nuevo, Olivares Viejos, Toconal Oscuro, Calleja Graná o Santa Marina, cuyos olivos, algunos ya milenarios, han sido testigos de la historia de esta tierra.

Los viejos olivares, muchos de ellos con cercas de piedra de pizarra, van dando paso a líneas que se pierden a la vista de olivares más jóvenes sembrados, en pleno siglo XX, sobre las lomas onduladas de terrenos que anteriormente ocupaban tierras de pasto, monte bajo o dehesa.

Pequeñas láminas de agua se encuentran dispersas por el término de Ahigal, siendo una de ellas el embalse de Las Cumbres, situado junto a la dehesa. Las aguas del arroyo Palomero son aquí remansadas en un entorno donde los olivares han dado paso al bosque mediterráneo.

Un bello remanso de paz, lugar de senderismo y pesca que cuenta con una pequeña península que se adentra en el embalse, donde se dispone de una zona de ocio y descanso desde el que disfrutar de unas magnificas vistas tanto del pantano y su entorno como de las formaciones montañosas del norte cacereño.

Un espacio dedicado a la pesca donde se han ubicado distintos puestos para el disfrute de ese deporte. Pasado el embalse, el arroyo Palomero vuelve a su serpenteante cauce remansado por multitud de azudes y con su inconfundible vegetación de ribera, en dirección sur, hasta tributar en las aguas remansadas del Alagón, en el pantano de Valdeobispo.

La dehesa de Valverde es un gran espacio verde de propiedad privada surcado por multitud de caminos públicos donde el olivar no ha irrumpido y los reyes son las encinas y alcornoques que surcan las laderas en forma de bosque adehesado que mantiene a día de hoy su actividad ganadera.

Discurren por ella diversos cauces temporales de agua acompañados con vegetación de ribera como el arroyo de Los Zarzales y otros con nombres tan sonoros como el “Arroyo Encima de la Luna”, que forman remansos de agua como las lagunas Vieja o Nueva que sirven para abrevar el ganado en el estío. Dispone de varios cerros desde los que disfrutar de unas magnificas vistas del entorno como es el de la “Casa del Guarda de la Jesa”.

Si tomamos el antiguo camino para volver a Ahigal pasaremos junto al arroyo Palomero y lo cruzaremos por el Puente de la Dehesa, un magnífico ejemplo de la arquitectura civil tradicional, tras el cual ingresaremos en tierras de olivares hasta llegar al casco urbano.

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