Ahigal, perteneciente a la mancomunidad de Trasierra-Tierras de Granadilla, parece varado entre las onduladas laderas que forman un mar de olivos. Cercano a la antigua villa de Granadilla y la antigua ciudad romana de Cáparra, es un pueblo vibrante que conserva su historia, leyendas y tradiciones
El entorno, aunque dominado por la presencia abrumadora de los olivos, es más que eso, contando al norte con una magnifica dehesa de encinas y alcornoques, a la que acompaña el embalse de Las Cumbres, que se nutre de las aguas del arroyo Palomero, el cual discurre entre laderas hasta tributar en el río Alagón.
Una serpiente verde que deja a su paso bellos bosques de ribera, huertas y antiguos lagares (molinos de aceite). Por el sur el olivar se asoma al Alagón, en las aguas del pantano de Valdeobispo, y más allá tierras de pastos con arbolado cubren el paisaje hasta la Vía de la Plata, límite del término.
Ahigal estuvo habitado desde la prehistoria. Posteriormente el imperio romano dominó estas tierras dejando su huella y los árabes también supieron valorar la riqueza de su entorno. Con la reconquista se convierte en zona fronteriza entre los reinos de León, al que perteneció, y Castilla. Pasa a manos de los Duques de Alba, como gran parte de las tierras cercanas a Coria, situación que termina en el primer tercio del siglo XIX.
En el último cuarto de siglo XX se trasformó y unificó la trama urbana de Ahigal, desapareciendo su composición típica formada por un núcleo principal y sus barrios. Aunque la arquitectura tradicional ha sido en gran parte sustituida por modernas construcciones, aún se conservan bellos rincones y edificaciones que muestran los oficios de otros tiempos.
Ahigal es un pueblo para descubrir: casas altas y estrechas que forman intrincadas calles en la zona central, mientras que en los antiguos barrios las construcciones tradicionales son más anchas y bajas y con calles más amplias. Una variedad que también se da en los materiales constructivos, en sus elaboradas cerrajerías y en las carpinterías.
Cuenta con muchos y variados elementos de interés, como son la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con su campanario exento y su crucero, las ermitas del Humilladero o Cristo de los Remedios, Santa Marina y los Santos Mártires, y con bellos ejemplos de arquitectura tradicional.
En su entorno tenemos las tierras de olivares, el embalse de Las Cumbres, la dehesa de Valverde, la laguna del Valle, el arroyo Palomero con sus antiguos molinos, el puente de la Dehesa junto al Cancho de la Virgen y los pozos Cinojal y Maleno, así como multitud de antiguas construcciones agrícolas, como son los “muros” o zajurdones, y las cercas de piedra seca.
Ahigal es tierra de ferias y mercados. Famoso desde antiguo por sus ferias de ganado. Su mercado dominical, que se celebra desde tiempos inmemoriales, se ha convertido en todo un referente en la zona norte de Cáceres. Destaca la celebración de su Ferina Nacional del Perro.